Músiques Religioses del Món es un ciclo de conciertos para el disfrute de la música religiosa de todas las culturas, independientemente de las creencias y las ideas de cada oyente. Un espacio de reflexión en torno a cuestiones que rara vez son abordadas en la sociedad laica y que encontramos prácticamente en todas las religiones, como la muerte, el perdón, la eternidad, el alma o la bondad.

Todas las religiones parten de una premisa básica: que las personas somos imperfectas. Nos desorientamos y repetimos los mismos errores una y otra vez, y por tanto necesitamos una voz que nos recuerde frecuentemente la antigua doctrina sobre el bien y el mal, que estructure una rutina para perdonar y potencie nuestra capacidad de compartir y de amar. Frente a la permanente exigencia de ser felices y afrontar con optimismo ciego los problemas abrumadores de la existencia con frases motivacionales que sirven más bien de poca ayuda, las religiones emiten un mensaje compasivo hacia nuestra manera de pensar y actuar. En gran medida los recursos que emplean para ello trascienden el lenguaje verbal: la música, el arte y el espacio sacros nos han ayudado durante siglos ubicándonos en una amplia perspectiva temporal y espacial. Escuchar una compleja polifonía sacra o el lenguaje antiguo de la liturgia nos pone en contacto con algo muy antiguo y profundo, alejado de nuestra realidad cotidiana. Entrar en una catedral, una sinagoga o una mezquita y alzar la vista hacia el inmenso espacio sobre nosotros nos recuerda lo diminutos que somos en este fascinante y misterioso universo, y con ello nuestras preocupaciones nos parecen insignificantes también.

L’Almodí

L’Almodí se construyó sobre el Alcázar musulmán a principios del siglo XIV como lugar de almacenaje y venta de trigo. En origen tendría unas dimensiones más reducidas y se fue ampliando a lo largo de los siglos XV y XVI hasta adquirir el aspecto que hoy tiene. El primitivo edificio tendría un patio central a cielo abierto y fue a principios del siglo XVII cuando se incorporó la cubierta, dándole la imagen de planta basilical que tiene en la actualidad.

En el interior se pueden contemplar pinturas murales de carácter popular alusivas en la entrada de trigo en la ciudad – históricamente una de las mayores preocupaciones de sus gobernantes –, así como representaciones de los santos patrones de los gremios que operaban en el comercio del grano.