10 septiembre
19.30h

Amancio Prada

Místicos y trovadores

Oratoria y ascetismo

 

El duende que llena de sangre, por primera vez en la escultura, las mejillas de los santos del maestro Mateo de Compostela es el mismo que hace gemir a San Juan de la Cruz o quema ninfas desnudas por los sonetos religiosos de Lope de Vega. Y recordad el caso de la flamenquísima y enduendada Santa Teresa, una de las pocas criaturas cuyo duende la traspasa con un dardo, queriendo matarla por haberle robado su último secreto, el puente sutil que une los cinco sentidos con ese centro en carne viva, en nube viva, en mar viva, del Amor liberado del tiempo”.

Federico García Lorca

Coherente en la estela de su propio canto, Amancio Prada retoma en este recital la antología del amor lírico que ya solo perdura en el viento; la llamas de amor viva de los místicos enamorados de Dios y las delicadas formas de los trovadores que desde la lejana Edad Media lo son también de cuanto hoy aguarda impaciente las promesas del alba. La pasión y la brevedad de la vida, el anhelo de libertad y la sonrisa de los amantes que siguen siendo hoy, como entonces, el más conmovedor y hermoso testimonio de la inteligencia popular contra el poder y la muerte. Trovadores y Místicos que se hacen cómplices en la voz descalza del tan fiel como riguroso pájaro solitario que sigue siendo Amancio Prada. 
(Juan Carlos Mestre)

Juan de la Cruz y Teresa de Jesús son dos llamas de amor ardiendo en un mismo fuego. En palabras de la Santa, “como si dos velas de cera se juntasen tan en extremo que toda la luz fuese una”.  Enamorados de Dios que a la hora de expresar su pasión, no tienen otro lenguaje que nuestras palabras usadas, con “canciones y coplas”, como ellos decían, que solían pensar descalzos cuando iban de un lugar a otro, entre el sol y la fuente. Y así, su amor divino, al arroparse humanamente, se expande y nos afecta.